La crisis económica que atraviesa la provincia está generando un cuello de botella crítico en el acceso a la salud mental. En Tucumán, donde casi tres de cada 10 trabajadores ya buscan un ingreso extra para sostenerse y más de 131.000 personas necesitan sumar otra fuente de dinero aun teniendo empleo, el pluriempleo dejó de ser un fenómeno exclusivo de los sectores de servicios para instalarse también con fuerza entre los profesionales. Sostener un tratamiento terapéutico empezó a percibirse como un gasto prescindible frente a la urgencia de llegar a fin de mes. Pero el problema más complejo aparece del otro lado del consultorio: los mismos psicólogos encargados de contener el malestar social también necesitan encadenar múltiples trabajos para sostener sus economías familiares.
Dos trabajos, un hijo y una carrera: la historia de una psicóloga que encontró en el pluriempleo la forma de progresarLa deserción en los consultorios particulares crece al mismo ritmo en que se licúan los salarios, mientras que los dispositivos de salud pública enfrentan una demanda que supera sus capacidades operativas. El desgaste provocado por la sobrecarga horaria ya no distingue formación profesional ni títulos universitarios.
“Estamos teniendo noticias claras de que los propios colegas están profundamente atravesados por la necesidad de sostener más de dos trabajos para poder mantener sus economías familiares”, describe Sol Forgas, presidenta del Colegio de Psicólogos de Tucumán. La especialista expone una realidad alarmante basada en los últimos relevamientos de la Confederación General de Profesionales de la República Argentina (CGP), donde se observa un aumento del desempleo profesional y una fuerte expansión de contrataciones precarias bajo la modalidad de monotributo.
“Esto afecta directamente las condiciones de las futuras jubilaciones en nuestro campo, porque el mercado laboral tiende a tercerizar servicios y a licuar derechos profesionales”, advierte.
Radiografía del pluriempleo en Tucumán: por qué cada vez más trabajadores necesitan dos empleosLa salud mental como variable de descarte
Este escenario de precarización profesional coincide con un momento de fuerte vulnerabilidad social, donde muchos pacientes empiezan a interrumpir sus tratamientos por razones estrictamente económicas. El cuidado de la salud mental queda relegado frente a otras urgencias cotidianas.
“Escuchamos con mucha preocupación en los consultorios la realidad de personas que ya no pueden costear una consulta”, relata Forgas. “Cuando la situación económica aprieta, se dejan los espacios terapéuticos individuales porque se priorizan necesidades básicas como la alimentación, la educación o la salud física. Es un momento sumamente complejo para toda la comunidad”.
Para la titular del Colegio de Psicólogos, la provincia ya atraviesa una instancia que excede cualquier lógica preventiva. Las instituciones públicas de salud mental funcionan bajo una presión constante, con equipos desbordados y recursos insuficientes para responder a un malestar que, según sostiene, dejó de ser individual para transformarse en un fenómeno social.
“Tener varios kioscos”: la frase de Tania Cruz para explicar por qué trabaja en tres lugares y sigue viviendo con su mamáEl rechazo a las lógicas de mercado
Frente a este panorama, Forgas rechaza cualquier salida basada únicamente en respuestas rápidas o enfoques orientados a devolver rápidamente a las personas al circuito de la productividad.
“La psicología no puede alinearse con lógicas mercantiles ni limitarse a dar herramientas para que alguien se acomode un rato y vuelva a producir”, sostiene la docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Para la especialista, discutir salud mental implica necesariamente discutir también las condiciones materiales de vida.
Por eso, desde el Colegio de Psicólogos insisten en reclamar la plena implementación de la Ley Nacional de Salud Mental y exigen políticas públicas sostenidas con presupuesto real.
“Frente a una crisis de esta magnitud, las respuestas tienen que ser estatales, colectivas y comunitarias”, afirma Forgas. Y advierte: “Si no avanzamos en esa dirección, lo que termina ocurriendo es que las personas quedan solas dentro de sus casas, completamente desprotegidas frente a un sistema que avanza sobre la dignidad de la vida cotidiana”.